Bipolaridad


Asfixiarse con la propia saliva, contraer pupilas, girar la vista como buscando pistas en el ambiente, rascar una nueva comisura en la sien, un suspiro y mil remilgos acompañarían una expedición al rescoldo, por sus precedentes, ya rutinario.





29/6/12

De Guillermo Cano, del maestro y la hipérbole.


Guillermo Cano fué mi profesor de quinto grado de primaria en mi Esteli personal, para 1985 ya estaba entrado en edad, usaba lentes gruesos, una camisa guayabera transparente a través de la cual se miraba su pantalón que le ajustaba a la mitad del estómago, de cuando en cuando hacía gestos con la boca reacomodando sus postizos. Antes de entrar a su clase había escuchado su fama de estricto a tal punto que sus jalones de oreja aquejaban a los mal portados y que al final de año eran evidentes sus miembros auditivos con manchas de tiza y algo estirados.
Pero en retrospectiva, más allá del álgebra y la función de la glándula pituitaria recuerdo que fue simplemente maravilloso haberme encontrado a un ser tan sabio que dejaba huella en las personas que tocaba. El creía que aunque el conocimiento del maestro fuera limitado, este debía transmitirse lo mejor posible, el también creía que el alumno debía superar al maestro para cumplir su cometido.
Recuerdo una clase de español cuando él nos ejemplificaba la hipérbole, como una figura de exageración y utilizó este ejemplo “Imagínense que en este momento recogemos algún dinero para alquilar un bus y hacer un viaje a la playa”. Con el tiempo, 26 años después, esa figura dejo de ser una exageración, pero me hace meditar en las dificultades del tiempo que vivimos y la modestia en la que el vivió.
Yo me fuí de Estelí en 1988, en realidad nunca volví, porque ese Estelí ya no está menos ese "yo" pero dejamos pedazos de nosotros adheridos al recuerdo de lo buenos que fuimos, aún recuerdo que en la escuelita había una tumba de un niño llamado José María Zeledón, que le daba el nombre a la escuela y alrededor de ella jugabamos beisbol con pelotas de calcetín, yo me acercaba a esa tumba e imaginaba, que habia dentro, como estaba el cuerpo del pobre cipote que no pudo recibir matemáticas o ir a pescar al rio ese día.
Pero hoy, siendo día del maestro de 2010, recuerdo a Guillermo Cano con mucho cariño, pienso en su carácter recto y su inmensa honestidad pero tambien sus grandes dotes de humildad y su eterno afán por cultivar las mentes de los cipotes estelianos que pasaban por su clase.
En honor a Guillermo Cano he querido hacer mi propia versión de hipérbole y es:

“Nosotros somos capaces de tamizar en el archivo de la memoria cada enseñanza útil de los buenos maestros que han pasado por nosotros, desde la primaria a la universidad, y nos es fácil visualizarla como un todo... como instrumentos del buen andar en la vida”.

Talvez, como la hipérbole del viaje a la playa, esta figura caduque como modelo de exageración.

Guillermo Cano murió, no sé cuando,ni como,vive en la memoria de mi Estelí personal.


Su tumba no está en medio del patio de juegos, pero la escuela luce hoy su nombre.

Julio C. Moreno. Junio de 2010

2 comentarios:

  1. los recuerdos siempren juegan como ni;os saltando rayuelas.saludo.felicidades su blog es un sitio muy atractivo

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  2. Es cierto, no envejecen nunca. Muchas gracias por su comentario Mario. Cordiales saludos.

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