Bipolaridad


Asfixiarse con la propia saliva, contraer pupilas, girar la vista como buscando pistas en el ambiente, rascar una nueva comisura en la sien, un suspiro y mil remilgos acompañarían una expedición al rescoldo, por sus precedentes, ya rutinario.





28/6/18

#EmotionaleAchterbahnfahrt

Niemand schlägt härter zu als das Leben. Zwar wissen wir, dass Lebenskrisen zum Leben irgendwie dazu gehören. Wenn es dann aber wirklich zuschlägt, haut es viele aus der Bahn. Sie empfinden die Krise wie ein Schlag ins Gesicht, spüren ihre Wut und Ohnmacht, hadern mit ihrem Schicksal und nagen an dem Kontrollverlust. Nicht wenige oszillieren dabei zwischen Angst, Trauer, Aggression, Resignation und Paralyse – eine einzige Achterbahn der Gefühle. 



Guardo suficientes votos de mutismo para desembarazar de este bolo de metal que visita la laringe en días grises. De aceptación de lo que ha sucedido, porque si no tengo control no hay caso. De que me habiten meaculpas. De abandonar necedades. De regodearme en otredades. Hace un año me senté en esta misma mesa de Macdonalds Plaza España, empezaba a reconstruirme. Y si bien perfectamente cabe que es un día perfecto para un ataque aéreo, pues debo percatarme, con  mordaz regocijo, que sigo intentando hacer lo mío.


Digo "tengo esperanza" mientras me muerdo con fuerza el labio inferior.

Estoy bien.
No lo sé.
No importa.


26/6/18

Limerencia et silencio

Atacar con el silencio sin más ni más, es un libro que aún espera ser escrito. En el fondo, el acto de disgustarse en silencio parece combinar la ira intensa con un deseo a toda prueba de no comunicar aquello de lo que uno está enojado. Uno necesita desesperadamente ser entendido y, sin embargo, está completamente comprometido a no explicarse claramente. Tener que explicarse es, de hecho, el problema central: si esta persona requiere una explicación, entonces esta es una prueba de que no es digno de que se le explique nada. Lo que nos lleva a uno al extraño privilegio de ser el receptor de un enfado: uno solo se pone de mal humor con las personas que uno siente que deben entender- le. Es uno de los regalos más extraños de los tejidos del cariño entre humanos. Las personas ponen el botón de silencio con nosotros porque se supone que deberíamos saber que no quieren aceptar un detalle que pareciese ofenderle; que es molesto interrumpirle, que realmente le ofende ciertos detalles, una palabra sin mala intención activa el silencio del otro sin que esto pueda cambiarse. Entonces, despues de toda una historia e histeria pues uno,  uno, debería simplemente saber . Una ilusión de los silencios gratuitos es que sean un signo tanto de profunda esperanza, porque quien te ofende te importa y como cobardía porque es más fácil callar que enfrentar un rostro para decir cuatro verdades que atosigan como un bolo metálico en la garganta.

Dice Houellebecq que el mundo es un sufrimiento desplegado. En cierto nivel, la estructura del silencio/enojo , revela una remembranza con la primera infancia. Por nueve meses el útero de mi madre nos protegió, a Marcos y a mi, de este. No teníamos que decir qué necesitabamos, lo teníamos todo y no teníamos que decir una sola palabra. qué está mal, qué quiero, si me molesto, si me averguenzo y cómo me gustaría que fuese el mundo. ¿Pero no es posible volver ni al útero n al yo de hace diez años, verdad?

Mi lucha por aprender a hablar, impulsado en parte por el hecho de que los demás no me entendieron lo suficientemente bien hasta los seiscuando con esfuerzo pude con la RR y tartamudeé mucho, aún lo hago cuando estoy nervioso. Y ya he hecho votos de mutismo antes. Talvez la mayor parte de la historia del mundo, hablar fue sobre lo más peligroso que un humano común podría hacer. Fui un niño bueno, básicamente por mis silencios en una escuela religiosa. Si estába triste, lo escondía con sigilo, por eso de ser hombre. Si por error derramamos un poco de tinta, intentaría de cualquier manera ocultar la evidencia. No entiendo aún que es ser adulto pero uno está irremediablemente obligado a ser un buen cortesano... a hablar para vivir y ese hecho nos hace abandonar ciertos resquicios de seguridad. Solo muy recientemente, en el último segundo desde una perspectiva evolutiva personal, he despertado a los posibles beneficios y alguna vez la necesidad de hablar.

Pero yerro, Dios sabe cuanto yerro, de palabra, de obra y recién me percato que evoluciono a  encriptaciones binarias que pueden infligir daños a la construcción de una relación. Por tanto, necesito callar mientras escribo esto.

Una vez escuché la historia de este hombre que dejó de hablar por dos años luego de la muerte de su hija. Mi mamá recién murió, pero debo callar mis tentativas de silencio para poder vivir, como el resto del mundo, porque no tengo valor para construir una silla, ni para guardar silencio ni para hablar hablar lo que debo.
Sé de buena fuente que en el amor, si las parejas que se sienten ofendidas y tristes por algo (por pequeño y mezquino que parezca) expresan su opinión, para poder sentir afecto y deseo una vez más está bien. Igual somos herederos de cierta falta de libertad. Sonreímos demasiado rápido, nos emocionamos en un conversatorio que despues de varias lineas es un monólogo, luego hacemos inanes esfuerzos en calmarnos demasiado; somos un poco lentos para expresar un dolor. No somos, a este respecto, agradables; estamos asustados y avergonzados. Nuestra amabilidad no nace por elección, sino por la incapacidad de atreverse a causar malestar. Aprender a hablar nuevamente requiere reconocer  de que, en cierto nivel, tengo miedo, temeroso de que, si hablo,la construcción de este yo mismo y mis tejidos relacionales se ven en riesgo.

A veces el corazón implosiona cual granada en puño. De esto no soy víctima,  soy el único responsable ya establecida la imposibilidad de volver al útero de mi madre ahora que el cordón umbilical se ha roto. Y que en este mundo mis silencios, en un mundo paralelo es un grito, En ambos mundos mientras yo esté conmigo mismo soy soberano de ellos.

Mi madre me dejó este mensaje en Whatsapp donde me dijo que merecía ser feliz, que nunca lo había sido, hacía un par de años me pidió que nos fuéramos lejos, como dos fugitivos que escapan de la estulticia del mundo. Recién me enviaron la foto de esta Rosa que ella sembró y acaba de reventar.


¿Podes sentir su aroma?

¿Vale la pena que una flor se abra al mundo cuando verla te hiere el pecho?

¿Podés escuchar mis latidos?

(Expiración)



Edición de la mañana
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La facilidad de palabra es un signo de la incomprensión que hemos sentido en el peligro de ser, y es por eso que es un activo que uno puede no querer invocar con amor. La cura es, como a menudo, una dosis de pesimismo. El tiempo siempre ayuda porque trae evidencia de cuántas personas hay que si nos entienden aunque en algún momento sean proclives a equivocarse en sus interpretaciones de una gran cantidad de nuestras necesidades centrales.  Si a quien amo no me comprende, no es una señal inmediata de que no tienen corazón (¿o si?). Simplemente puede ser que, por un prejuicio romántico, me haya comprometido demasiado para no enseñarle quién soy. Porque por más que borre, ya no puedo negar quien soy. En un mundo ideal, reconoceríamos más fácilmente (cuando podamos manejar un estado de ánimo compasivo) el aspecto cómico de que nos corten el habla, incluso cuando estemos en el blanco especial de la furia y furia del que nos ignora. Comprendemos el sufrimiento real bajo el horrible exterior, vemos que nuestro némesis-amor no es lastimado, y se sorprende, una vez más, por cuán extrañamente se arregla la naturaleza humana. Pero como entendemos, ya no estamos asustados ni enojados. El absurdo furioso, esperanzado e iluso de los problemas de a quien queremos nos hace sonreír suavemente. Nos preparamos para llamar a una puerta y preguntar gentilmente si pueden dejarnos por favor, aunque sea una palabra... escuchar.
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Hoy es Martes, la mañana es preciosa, un joven me sonrió atento, me tomé un té de jengibre con canela y miel para apaciguar los temblores que me habitan el estómago. Tengo náusea, sudo frío pero estoy inusitadamente fuerte. Miro mi reflejo en el vidrio, y juego al silencio con mi propio reflejo.


¿Si escuchás mi respiro?

21/6/18

Verbo compuesto en ene veces

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