Bipolaridad


Asfixiarse con la propia saliva, contraer pupilas, girar la vista como buscando pistas en el ambiente, rascar una nueva comisura en la sien, un suspiro y mil remilgos acompañarían una expedición al rescoldo, por sus precedentes, ya rutinario.





16/2/14

Corazón de piedra

Querida Jeanette:
Se me ocurre que los poetas nos hemos apresurado a abrir los ojos al nacer, que el aire fétido del mundo charneleó pulmones y obligándonos a ver el mundo como ralentizado. Debimos soportar las quemaduras de un sol borroso que a golpe caduca el oprobio del nacer. Si, yo creo que abrimos los ojos demasiado pronto, y las sombras a través de lo acuoso fueron cuervos negros hambrientos de tiempo. Cuando al fín aprendimos a dormir con almohada encima de la cabeza te apareciste. Un buen día te escuchamos cantarnos cual arrullo de alguien que conocimos antes de imaginar el cataclismo de nuestra existencia. Dedicamos muchas lunas a olerte a través de las ondas del a.m buscamos dicha en la umbría de las notas de tu canción, hasta llegar a imaginar que podríamos hacerte el amor a través de la oscuridad. En un mundo paralelo, el viento era tus dedos de ángel pasando por el cabello.
Dicen que Manuel Alejandro tituló originalmente la canción que compuso para vos como "Corazón de piedra", pero esta parte no encajaba en la entonación. Razón por la que sustituyó el término “poeta”. Eso vos lo sabes mejor que yo. Se me ocurre creer que el autor sabía lo que hacía, habría hecho una autopsia de un poeta. Descubrió que en la bolsa izquierda, talvez como un fallo de fábrica, cargamos un lastre de materia frágil in extremis.
Ya ves Jeanette, para algunos, la infancia fue solo un sueño de muerte, no te culpamos  pero ciertamente a algunos alienados, nos tocastes con tu voz, que sigue incólume mientras seguimos esperando la adultez en un columpio. Y nos seguís doliendo hace rato ya y ni te percatas de ello. Has desgastado una melancolía sin razón de ser,  ver esos tus ojos tan diáfanos mar de misterio, tan transparente pero colorido tan inglés y tan español es un fetiche desgastado, y esa voz tuya apeada desde el mismo firmamento. Jeanette, nos herís la garganta por dentro, y nos comprimís a reventar las válvulas cardíacas, decirte es menos que inefable y el color kaki fué crónica de perdición. El paraíso que nos ofrecías era en extremo agridulce, sembramos nuestros delirios en tus ojos de mar cristalino. Quien sabe como luzcas hoy ¡Maldita sea! Para los ilusos intérpretes de una poesía que igual ya existía has de ser así de bella como lucís en ese video. Sé que llegará el glorioso día gris cuando dibujemos nuestros nombres en las nubes sin temor a que de las letras se desangren de cuervos, a devorarnos lo más trémulo. No distinguiremos el sueño de la muerte o tu rostro de aquel entonces con el de ahora. Aunque nunca nos lleguemos a conocer nos consuela que nos hayas recordado que no somos los alienados que creímos, que es necesario reconocer la otredad a traves del lente de la lobreguez.

Te dejo, Jeanette, que me toca hacer play nuevamente.



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