Bipolaridad


Asfixiarse con la propia saliva, contraer pupilas, girar la vista como buscando pistas en el ambiente, rascar una nueva comisura en la sien, un suspiro y mil remilgos acompañarían una expedición al rescoldo, por sus precedentes, ya rutinario.





22/12/14

30/9/14

La laguna

Ese poeta, cual plagada tarde de intenciones, buscaba con furtivo afán una brecha en los muros de la laguna, podía verse a sí mismo soberbio en su corolla, volando a 80kmph... como para devolverle la cogida a la ciudad por el mero hoyo de Tiscapa.
Pero la ciudad cerró las piernas, no aparecieron huecos recién decubiertos en sus muros.

Conformáse el poeta con sumergirse [con todo y corolla] en la enjundia del cérvix de la anhedonia.


15/9/14

No sé si ella hablaba de mí

Asfixiarse con la propia saliva, contraer pupilas, girar la vista como buscando pistas en el ambiente, rascar una nueva comisura en la sien, un suspiro y mil remilgos acompañarían una expedición al rescoldo, por sus precedentes, ya rutinario. Tengo severas sospechas que se ha roto, cuando menos, un reflejo.


Cindy

El hambre prolongada deja un amargo en el medio de la garganta, similar a la sensación de esquirlas en la tráquea que secuela una sesión de profundo sollozo. Caminan cabizbajos talvez por pena moral, talvez por la ilusión de encontrar algún valor en el suelo. Noche, hay quienes hurgan la basura, otros tres millones nos hurgamos la entrepierna y la jungla de Mierda igual duerme.

Yo conocí a Cindy, en las afueras de un “On the run” con unos profundos ojos rojos y una voz gutural, profunda hasta dolerte los dientes, hedía horrores.

Sentí una enorme compasión por ella, pero no pude hacer más que coleccionar su imagen, su aroma y la indeleble impresión de sus ojos rojos en mi memoria.

Verba volant, vox manent.

Era finalmente su obra maestra, su propio epitafio auditivo. Con magnífica voz, hablando de su otrora nombre en tercera persona, un monumento sonoro a 90 decibelios que inunda el espacio sonoro de esta tarde. Hoy, un Domingo cundido de cuervos y olvido, la voz trasciende sobre lo inevitable. 

Nadie, en este desolado día podía anunciar la muerte con tal gracia, nadie tenía el don de dejar en vilo a media ciudad, esta vez no invocaría el nombre del difunto hasta ya muy avanzada la pieza de fondo de una sombría pieza fúnebre. Por más de un motivo, las ondas del sonido son más lentas que la propia luz.

 Hoy, en un mundo que a gritos pide imágenes para recuperar el creer, en un mundo que ya no escucha, que como autómata replica actos insulsos, en un mundo donde el honor es un concepto relativo. Pienso en Oscar, en nuestros pobres registros de la memoria de lo que nos inculcaron, donde por necios nos damos de bruces.

El féretro contendrá lo mortal, pero su voz, pregonando su propia muerte, sigue ahí en algún lugar de la memoria, como un epitafio sonoro permanente que nos recuerda nuestra igualdad ante el inevitable encuentro con el parpadeo eterno.

Verba volant, vox manent. “Las palabras vuelan, la voz permanece”

Dedicado a Oscar René Rodríguez Moreno. Estelí 20/04/2014

Iván Olivares

Ivan Olivares, reingresó a la universidad más o menos a la altura de nuestro tercer año en 1994. Como a muchos que reingresan, son juzgados injustamente por los bobalicones que no entienden las circunstancias de las personas. Pero en definitiva, a nuestro grupo de amigos Iván cayó muy en gracia. Si bien su paso por la universidad en ese entonces fue un tanto fugaz, al menos en mí dejó huella. Y es que yo notaba que al final de las clases él se quedaba haciendo la tarea recién orientada por el maestro, con mucho afán… sin duda. Se tomaba su tiempo, sin moverse de su mesa, aunque se superpusiera otra clase que no le tocaba. El tipo, no solo era jovial y buena nota, tomaba el trabajo con mucha energía, sin bulla, con mucha energía.
Un día, después de clases me animé a acompañarle a hacer un trabajo y le dije que envidiaba su tesón por hacer el trabajo temprano. Él me replicó que no tenía gran mérito lo que hacía porque su esfuerzo era más debido a las presiones de su trabajo que le obligaban a emplear el tiempo lo mejor posible. Él trabajaba en un periódico, no sé si La Prensa o algo. Pero le tocaba trabajar de noche y para él era un plus esfuerzo físico, económico y familiar el relanzarse a estudiar. Habiéndome dicho esto, empecé a comparar su ejemplo, con las realidades del chavalo apoyado por los papás y desperdiciando el tiempo en pláticas banales en la raíz del árbol frente a la facultad, y toreando la oportunidad de otro inane desvelo de diseño. Sin saberlo este señor se convirtió en un ejemplo para mí. Y traté de tomar con más seriedad los trabajos.
Pasamos buenos ratos con Ivan. Un buen día, después de estar haciendo un trabajo de grupo, bebimos licor con otros amigos hasta ponernos hasta el tuétano de ebrios. La pasamos pijudito, como se debe de pasar entre amigos, que nos conocíamos de hace poco, que nos llevaba diferencia de 10 o 15 años pero nos estimábamos como hermanos putativos. De madrugada frente a una gasolinera antes de ir a casa, se nos ocurrió hacer un recordatorio de los buenos momentos de esa noche e hicimos una suerte de acta de asistencia y le llamamos “lista de borrachos” pusimos nombre y firma en una hoja de cuaderno.
No tengo idea quien se quedó con la hoja, pero el evento siempre es un chiste vigente para los que estuvimos ahí. Un buen día Iván me confesó que iba a dejar la universidad nuevamente, en parte me dijo que las presiones de trabajo eran fuertes, y por otro lado condenaba la falta de sentido crítico de una profesor de turno que por salir del paso daba buenas notas dejando atrás una estela de duda en la calidad de su clase. Yo sentí que exageraba, pero entendí sus razones.
Ya luego que se fué, hacía falta ver al señor de barba. Me había hecho costumbre de automotivarme a hacer mi trabajo, recordando a este señor haciendo los trabajos, como si le estorbaran, lo más pronto posible, porque el tiempo le era muy precario, porque había más vida después de la facultad.
Recuerdo a los que salimos “vivos” de la faena de cinco años en la UNI, pero también recuerdo a los que no, y muchos de sus motivos. El destino llegó a cruzar caminos, con gente necia y gente digna de ejemplo, y vivimos hoy en un mismo barco y ambos actores fueron importantes para forjarse una visión parcial de mundo.
Veinte años ya, y hasta hoy supe de Iván de manera tan infortunada, entiendo nuevamente que después de la etapa en la facultad siguió su lucha contra el tiempo. Me hubiera gustado verlo antes y al menos haber sido recíproco en tanto gesto noble en su breve estadía con nosotros, pero a veces estamos muy ocupados construyendo la efigie de un yo efímero que cada día cuesta más reconocer.

Dice un poeta que lo más difícil de la vida es la muerte del otro y después de extenderme tan innecesariamente en mi reflexión, en realidad, sinceramente, yo sólo quería decir, que por aún vigentes razones, lo guardo en mi lista y que siento mucho saber que falleció Iván.

 Managua, 13 de Mayo de 2014

Canales

No puedo decir nada mejor que es realmente triste ver partir a una persona como Edwin. No es sólo por la imagen congelada del niño que contagiaba con su sonrisa y entrecerrar de ojos tan característica. El hombre que fué estoico ante la adversidad de una afección tan despiadada. Si con el pensamiento iluso de que los hijos no deberían morir antes de los padres, talvez los amigos que tenemos cierto hálito de sensibilidad no deberíamos coleccionar las partidas de los que queremos.

Pero somos ilusos. Nunca es lo que queremos. Nunca va a dejar de doler la muerte de los que escribieron líneas de nuestra historia. No es cierto que la madurez es la aceptación complaciente de lo que está fuera de nuestro entendimiento. La luna llena de esta noche nos recuerda lo amargas que son las propias lágrimas a través de la garganta, porque sabemos que llegará el glorioso día gris cuando dibujemos nuestros nombres en las nubes sin temor a que de las letras se desangren de cuervos, a devorarnos lo más trémulo, porque llegará el día en el que no distinguiremos el sueño de la muerte o del rostro de aquel entonces.

En este mundo, en este instante, resta escuchar desde los registros de la memoria, la voz del que hoy conoció lo eterno….

 …en un mundo paralelo, un niño, en 1987 juega al futbol en el patio del colegio de las monjas, sonríe y entrecierra los ojos, como para ralentizar el tiempo.


 Managua, 18 de Marzo de 2014

Poetscheiße

O la poesía como secreción, según #houellebecq



Foto cortesía de Elena Pereyra

Melancolía

Durante una crisis de depresión, al director de cine Lars Von Trier, le dijo su terapeuta que los personas depresivas tienden a actuar mas calmados que otros en momentos de presión extrema. Esto porque ya esperaban que las cosas salieran mal.

Este filme deja entrever que talvez este estado, en el cual también me sumerjo con relativa frecuencia,  sea naturaleza del don de poder ver lo álgido.... donde la melancolía flirtea antes de rompernos la vida.


Nudo de la garganta a los dedos

Los acelerogramas de hoy en gentil sincronía con las ondas de audio de Tristan e Isolda de Wagner. Las niñas chapalotean, pero no saben que puedo ver las gotas suspendidas durante horas el el metronomo elefante hace lo suyo.. aún el mundo gira a una velocidad orbital de150 kilometros por segundo.


Acotamiento

Gélida noche. En la jardinera, en la punta de plancha del Boulevard, nuevamente profanábamos la entrada a la ciudad, hacíamos el amor con carnal fruición, como si fuese a acabarse el mundo. En los estertores de la cópula, tras su espalda en movimiento, inusitadamente pude ver sus blancos dedos plegarse cual si dibujara entrecomillas al aire, como si en la fatuidad del subconsciente se mofase del decoro de la ciudad pernoctante en ese Domingo. Treinta años, la jardinera sigue ahí, al pasar en bus, sutilmente entrecomillo al aire como para burlarme del tiempo, porque invisibles aún tenemos dieciséis y seguimos haciendo el amor... en ese mismo sitio.

5/3/14

Título

Escucho en el perifoneo anunciar la muerte de alguien a quien mencionan como Master en Administración de empresas con mención en Mercadotecnia Juan Pérez.

Y aunque no le conozca, con todo todo mi corazón, le deseo paz eterna al título, lejos de un mundo tan atestado de ellos.

16/2/14

Tanto espacio subrepticio...

...tanto


Corazón de piedra

Querida Jeanette:
Se me ocurre que los poetas nos hemos apresurado a abrir los ojos al nacer, que el aire fétido del mundo charneleó pulmones y obligándonos a ver el mundo como ralentizado. Debimos soportar las quemaduras de un sol borroso que a golpe caduca el oprobio del nacer. Si, yo creo que abrimos los ojos demasiado pronto, y las sombras a través de lo acuoso fueron cuervos negros hambrientos de tiempo. Cuando al fín aprendimos a dormir con almohada encima de la cabeza te apareciste. Un buen día te escuchamos cantarnos cual arrullo de alguien que conocimos antes de imaginar el cataclismo de nuestra existencia. Dedicamos muchas lunas a olerte a través de las ondas del a.m buscamos dicha en la umbría de las notas de tu canción, hasta llegar a imaginar que podríamos hacerte el amor a través de la oscuridad. En un mundo paralelo, el viento era tus dedos de ángel pasando por el cabello.
Dicen que Manuel Alejandro tituló originalmente la canción que compuso para vos como "Corazón de piedra", pero esta parte no encajaba en la entonación. Razón por la que sustituyó el término “poeta”. Eso vos lo sabes mejor que yo. Se me ocurre creer que el autor sabía lo que hacía, habría hecho una autopsia de un poeta. Descubrió que en la bolsa izquierda, talvez como un fallo de fábrica, cargamos un lastre de materia frágil in extremis.
Ya ves Jeanette, para algunos, la infancia fue solo un sueño de muerte, no te culpamos  pero ciertamente a algunos alienados, nos tocastes con tu voz, que sigue incólume mientras seguimos esperando la adultez en un columpio. Y nos seguís doliendo hace rato ya y ni te percatas de ello. Has desgastado una melancolía sin razón de ser,  ver esos tus ojos tan diáfanos mar de misterio, tan transparente pero colorido tan inglés y tan español es un fetiche desgastado, y esa voz tuya apeada desde el mismo firmamento. Jeanette, nos herís la garganta por dentro, y nos comprimís a reventar las válvulas cardíacas, decirte es menos que inefable y el color kaki fué crónica de perdición. El paraíso que nos ofrecías era en extremo agridulce, sembramos nuestros delirios en tus ojos de mar cristalino. Quien sabe como luzcas hoy ¡Maldita sea! Para los ilusos intérpretes de una poesía que igual ya existía has de ser así de bella como lucís en ese video. Sé que llegará el glorioso día gris cuando dibujemos nuestros nombres en las nubes sin temor a que de las letras se desangren de cuervos, a devorarnos lo más trémulo. No distinguiremos el sueño de la muerte o tu rostro de aquel entonces con el de ahora. Aunque nunca nos lleguemos a conocer nos consuela que nos hayas recordado que no somos los alienados que creímos, que es necesario reconocer la otredad a traves del lente de la lobreguez.

Te dejo, Jeanette, que me toca hacer play nuevamente.