Bipolaridad


Asfixiarse con la propia saliva, contraer pupilas, girar la vista como buscando pistas en el ambiente, rascar una nueva comisura en la sien, un suspiro y mil remilgos acompañarían una expedición al rescoldo, por sus precedentes, ya rutinario.





15/9/14

Iván Olivares

Ivan Olivares, reingresó a la universidad más o menos a la altura de nuestro tercer año en 1994. Como a muchos que reingresan, son juzgados injustamente por los bobalicones que no entienden las circunstancias de las personas. Pero en definitiva, a nuestro grupo de amigos Iván cayó muy en gracia. Si bien su paso por la universidad en ese entonces fue un tanto fugaz, al menos en mí dejó huella. Y es que yo notaba que al final de las clases él se quedaba haciendo la tarea recién orientada por el maestro, con mucho afán… sin duda. Se tomaba su tiempo, sin moverse de su mesa, aunque se superpusiera otra clase que no le tocaba. El tipo, no solo era jovial y buena nota, tomaba el trabajo con mucha energía, sin bulla, con mucha energía.
Un día, después de clases me animé a acompañarle a hacer un trabajo y le dije que envidiaba su tesón por hacer el trabajo temprano. Él me replicó que no tenía gran mérito lo que hacía porque su esfuerzo era más debido a las presiones de su trabajo que le obligaban a emplear el tiempo lo mejor posible. Él trabajaba en un periódico, no sé si La Prensa o algo. Pero le tocaba trabajar de noche y para él era un plus esfuerzo físico, económico y familiar el relanzarse a estudiar. Habiéndome dicho esto, empecé a comparar su ejemplo, con las realidades del chavalo apoyado por los papás y desperdiciando el tiempo en pláticas banales en la raíz del árbol frente a la facultad, y toreando la oportunidad de otro inane desvelo de diseño. Sin saberlo este señor se convirtió en un ejemplo para mí. Y traté de tomar con más seriedad los trabajos.
Pasamos buenos ratos con Ivan. Un buen día, después de estar haciendo un trabajo de grupo, bebimos licor con otros amigos hasta ponernos hasta el tuétano de ebrios. La pasamos pijudito, como se debe de pasar entre amigos, que nos conocíamos de hace poco, que nos llevaba diferencia de 10 o 15 años pero nos estimábamos como hermanos putativos. De madrugada frente a una gasolinera antes de ir a casa, se nos ocurrió hacer un recordatorio de los buenos momentos de esa noche e hicimos una suerte de acta de asistencia y le llamamos “lista de borrachos” pusimos nombre y firma en una hoja de cuaderno.
No tengo idea quien se quedó con la hoja, pero el evento siempre es un chiste vigente para los que estuvimos ahí. Un buen día Iván me confesó que iba a dejar la universidad nuevamente, en parte me dijo que las presiones de trabajo eran fuertes, y por otro lado condenaba la falta de sentido crítico de una profesor de turno que por salir del paso daba buenas notas dejando atrás una estela de duda en la calidad de su clase. Yo sentí que exageraba, pero entendí sus razones.
Ya luego que se fué, hacía falta ver al señor de barba. Me había hecho costumbre de automotivarme a hacer mi trabajo, recordando a este señor haciendo los trabajos, como si le estorbaran, lo más pronto posible, porque el tiempo le era muy precario, porque había más vida después de la facultad.
Recuerdo a los que salimos “vivos” de la faena de cinco años en la UNI, pero también recuerdo a los que no, y muchos de sus motivos. El destino llegó a cruzar caminos, con gente necia y gente digna de ejemplo, y vivimos hoy en un mismo barco y ambos actores fueron importantes para forjarse una visión parcial de mundo.
Veinte años ya, y hasta hoy supe de Iván de manera tan infortunada, entiendo nuevamente que después de la etapa en la facultad siguió su lucha contra el tiempo. Me hubiera gustado verlo antes y al menos haber sido recíproco en tanto gesto noble en su breve estadía con nosotros, pero a veces estamos muy ocupados construyendo la efigie de un yo efímero que cada día cuesta más reconocer.

Dice un poeta que lo más difícil de la vida es la muerte del otro y después de extenderme tan innecesariamente en mi reflexión, en realidad, sinceramente, yo sólo quería decir, que por aún vigentes razones, lo guardo en mi lista y que siento mucho saber que falleció Iván.

 Managua, 13 de Mayo de 2014

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