Bipolaridad


Asfixiarse con la propia saliva, contraer pupilas, girar la vista como buscando pistas en el ambiente, rascar una nueva comisura en la sien, un suspiro y mil remilgos acompañarían una expedición al rescoldo, por sus precedentes, ya rutinario.





15/9/14

Verba volant, vox manent.

Era finalmente su obra maestra, su propio epitafio auditivo. Con magnífica voz, hablando de su otrora nombre en tercera persona, un monumento sonoro a 90 decibelios que inunda el espacio sonoro de esta tarde. Hoy, un Domingo cundido de cuervos y olvido, la voz trasciende sobre lo inevitable. 

Nadie, en este desolado día podía anunciar la muerte con tal gracia, nadie tenía el don de dejar en vilo a media ciudad, esta vez no invocaría el nombre del difunto hasta ya muy avanzada la pieza de fondo de una sombría pieza fúnebre. Por más de un motivo, las ondas del sonido son más lentas que la propia luz.

 Hoy, en un mundo que a gritos pide imágenes para recuperar el creer, en un mundo que ya no escucha, que como autómata replica actos insulsos, en un mundo donde el honor es un concepto relativo. Pienso en Oscar, en nuestros pobres registros de la memoria de lo que nos inculcaron, donde por necios nos damos de bruces.

El féretro contendrá lo mortal, pero su voz, pregonando su propia muerte, sigue ahí en algún lugar de la memoria, como un epitafio sonoro permanente que nos recuerda nuestra igualdad ante el inevitable encuentro con el parpadeo eterno.

Verba volant, vox manent. “Las palabras vuelan, la voz permanece”

Dedicado a Oscar René Rodríguez Moreno. Estelí 20/04/2014

No hay comentarios:

Publicar un comentario