El hambre prolongada deja un amargo en el medio de la garganta, similar a la sensación de esquirlas en la tráquea que secuela una sesión de profundo sollozo. Caminan cabizbajos talvez por pena moral, talvez por la ilusión de encontrar algún valor en el suelo. Noche, hay quienes hurgan la basura, otros tres millones nos hurgamos la entrepierna y la jungla de Mierda igual duerme.
Yo conocí a Cindy, en las afueras de un “On the run” con unos profundos ojos rojos y una voz gutural, profunda hasta dolerte los dientes, hedía horrores.
Sentí una enorme compasión por ella, pero no pude hacer más que coleccionar su imagen, su aroma y la indeleble impresión de sus ojos rojos en mi memoria.
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