Bipolaridad


Asfixiarse con la propia saliva, contraer pupilas, girar la vista como buscando pistas en el ambiente, rascar una nueva comisura en la sien, un suspiro y mil remilgos acompañarían una expedición al rescoldo, por sus precedentes, ya rutinario.





15/9/14

Canales

No puedo decir nada mejor que es realmente triste ver partir a una persona como Edwin. No es sólo por la imagen congelada del niño que contagiaba con su sonrisa y entrecerrar de ojos tan característica. El hombre que fué estoico ante la adversidad de una afección tan despiadada. Si con el pensamiento iluso de que los hijos no deberían morir antes de los padres, talvez los amigos que tenemos cierto hálito de sensibilidad no deberíamos coleccionar las partidas de los que queremos.

Pero somos ilusos. Nunca es lo que queremos. Nunca va a dejar de doler la muerte de los que escribieron líneas de nuestra historia. No es cierto que la madurez es la aceptación complaciente de lo que está fuera de nuestro entendimiento. La luna llena de esta noche nos recuerda lo amargas que son las propias lágrimas a través de la garganta, porque sabemos que llegará el glorioso día gris cuando dibujemos nuestros nombres en las nubes sin temor a que de las letras se desangren de cuervos, a devorarnos lo más trémulo, porque llegará el día en el que no distinguiremos el sueño de la muerte o del rostro de aquel entonces.

En este mundo, en este instante, resta escuchar desde los registros de la memoria, la voz del que hoy conoció lo eterno….

 …en un mundo paralelo, un niño, en 1987 juega al futbol en el patio del colegio de las monjas, sonríe y entrecierra los ojos, como para ralentizar el tiempo.


 Managua, 18 de Marzo de 2014

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