Bipolaridad


Asfixiarse con la propia saliva, contraer pupilas, girar la vista como buscando pistas en el ambiente, rascar una nueva comisura en la sien, un suspiro y mil remilgos acompañarían una expedición al rescoldo, por sus precedentes, ya rutinario.





20/7/22

Nueva Biomecánica

 


¿Lo tengo en mí (aún)?

 ♫¿Lo tengo en mi (aún)? Creo que está ahí dentro.♫

Decía Heródoto de la longevidad y juventud de los macrobianos, un pueblo cerca de Somalia, quienes aparentemente descubrieron la fuente de la juventud. Ya no imprimimos fotos para el álbum, tenemos el reflejo de una versión mejorada de nosotros en este metaverso. Ya muchos hicimos arreglos para lo que pueda adelantarse.

♫Todavía tengo fe en ti, lo veo ahora, a través de todos estos años esa fe sigue viva, de alguna manera.♫

Podríamos sortear la congoja por tanta tanta muerte abandonando la idea de que somos una constelación particular de características físicas. A quienes hemos querido, han trascendido la corporeidad, se eternizaron en el impune catalizador de nuestra idea de su recuerdo.

♫Porque sé que escucho una canción agridulce de los recuerdos que compartimos. ♫

Y está la terapia de la nostalgia, una suerte de versión de realidad virtual de la ciudad playera de un San Junipero sin tiempo. Cuando nos toque morir por la elección del virus, podremos raspaldar una muestra representativa de nuestra conciencia en la nube, en el paraíso de los datos. 

♫Todavía tengo fe en ti, se mantiene por encima de las cosas locas que hicimos, todo se reduce al Amor.♫

Sabemos que sobreviviremos, por la amígdala, por los antiguos artificios, por el recuerdo en los que nos quisieron mucho después de que nuestros cuerpos regresen al polvo, por que nos reinventarán cómo heroes del barrio para no ser del todo borrados.

♫Pero me recuerdo a mí mismo, lo que somos, que inconcebible es llegar así de lejos.♫

Y en el metaverso de un yo digital idealizado, nos acompañarán los que quisimos, en una versión mejorada. Donde el cielo será gris a placer y se escuchará una canción agridulce de ABBA, todo en un bucle eterno en alguna estación de servidores anónima.

Pero, mientras no se interrumpan la lerda batahola de las válvulas cardíacas ni los antiguos sortilegios de la memoria, lo tenemos en nosotros, aún. 

Sobrevivamos, dale.



Día de las Madres

 En el balbuceo del recién nacido destaca el fonema “ma”, una unidad sintáctica que constituirá la palabra “mamá” como un bloque esencial en la construcción del lenguaje. 

En el campo subjetivo pienso que patenta una intención de reiterar la insistencia del infante en búsqueda de la atención, de su origen, de sustento, de vida. Habiendo visto a mi octogenario padre llamar a su mamá antes de su muerte, se me ocurre que la distancia entre estos dos fonemas es como un cordón umbilical invisible que se dilata tanto como la existencia de uno.

El año pasado conocí de esta canción de Lewis Capaldi, atesoré la colisión de las letras en la laringe, en especial donde “pudiese haber dicho algo para que tu corazón latiera mejor”.

La recuerdo con cariño, sin dolor, como un luto dulce. Por tener conciencia de mi imposibilidad de modificar la historia, porque la quise. Porque en tanto aún yo exista, ella me existe.

Falleció de un infarto en 2018, Doña Gloria, mi mamá. 

Managua, previo al día de las madres.

10/2/22

True love waits

True love can die before being born.

El cielo

Alguna de esas mañanas de Estelí, escuché a nuestro padre declamar algún verso inventado, uno de esos versos llevaba la palabra "arrebol" luego descubrí que esa palabra describe el rojo en las nubes al ser atravesadas por la luz del sol, yo de chavalo llegué a pensar que ese ocre era una suerte de herida en las nubes. La segunda trata de la guerra, tenía yo 6, ya era usual escuchar los disparos todo el día, a veces me le escapaba a mi mi mamá y me iba al pasillo y me recostaba a buscar dibujos en el cielo, mientras mesuraba la muerte de la tarde, en un momento aprecié las nubes sangrar de ocaso, se silenciaron las balas y me apareció el sonido de una cigarra. Me es virtualmente imposible tentarme de olvidar el regocijo que sentí, a veces salgo a buscar el cielo y el sonido de las cigarras. Finalmente, después de la muerte de mi papá le grité al cielo una noche para pedirle que volviera, para perdonarme. Y vi su mecedora balancearse entre las sombras.

No sé si es un fallo de fábrica ser proclives a sensibilizarse ante los fenómenos de la naturaleza. Pero estos días donde finalmente se ha roto el cordón umbilical con mi madre me aferro con todas mis flaquezas a abrazar cierta noción de mi identidad en el infinito, la misma sensibilidad que mi padre a sus 76 tuvo al llorarme como un niño al hablar de lo mucho que le hacía falta su mamita. Me duele mucho escribir estas cosas, Gloria y lo unico que quería yo decirte es que cada quien ve en el cielo lo que uno desea, lo que uno perdió, lo que no puede tocar. Ahí , sobre nuestras cabezas existe un compendio de belleza eterno y cuando entendés eso se comprime el corazón.

Junio del 2018