En el balbuceo del recién nacido destaca el fonema “ma”, una unidad sintáctica que constituirá la palabra “mamá” como un bloque esencial en la construcción del lenguaje.
En el campo subjetivo pienso que patenta una intención de reiterar la insistencia del infante en búsqueda de la atención, de su origen, de sustento, de vida. Habiendo visto a mi octogenario padre llamar a su mamá antes de su muerte, se me ocurre que la distancia entre estos dos fonemas es como un cordón umbilical invisible que se dilata tanto como la existencia de uno.
El año pasado conocí de esta canción de Lewis Capaldi, atesoré la colisión de las letras en la laringe, en especial donde “pudiese haber dicho algo para que tu corazón latiera mejor”.
La recuerdo con cariño, sin dolor, como un luto dulce. Por tener conciencia de mi imposibilidad de modificar la historia, porque la quise. Porque en tanto aún yo exista, ella me existe.
Falleció de un infarto en 2018, Doña Gloria, mi mamá.
Managua, previo al día de las madres.
No hay comentarios:
Publicar un comentario