♫¿Lo tengo en mi (aún)? Creo que está ahí dentro.♫
Decía Heródoto de la longevidad y juventud de los macrobianos, un pueblo cerca de Somalia, quienes aparentemente descubrieron la fuente de la juventud. Ya no imprimimos fotos para el álbum, tenemos el reflejo de una versión mejorada de nosotros en este metaverso. Ya muchos hicimos arreglos para lo que pueda adelantarse.
♫Todavía tengo fe en ti, lo veo ahora, a través de todos estos años esa fe sigue viva, de alguna manera.♫
Podríamos sortear la congoja por tanta tanta muerte abandonando la idea de que somos una constelación particular de características físicas. A quienes hemos querido, han trascendido la corporeidad, se eternizaron en el impune catalizador de nuestra idea de su recuerdo.
♫Porque sé que escucho una canción agridulce de los recuerdos que compartimos. ♫
Y está la terapia de la nostalgia, una suerte de versión de realidad virtual de la ciudad playera de un San Junipero sin tiempo. Cuando nos toque morir por la elección del virus, podremos raspaldar una muestra representativa de nuestra conciencia en la nube, en el paraíso de los datos.
♫Todavía tengo fe en ti, se mantiene por encima de las cosas locas que hicimos, todo se reduce al Amor.♫
Sabemos que sobreviviremos, por la amígdala, por los antiguos artificios, por el recuerdo en los que nos quisieron mucho después de que nuestros cuerpos regresen al polvo, por que nos reinventarán cómo heroes del barrio para no ser del todo borrados.
♫Pero me recuerdo a mí mismo, lo que somos, que inconcebible es llegar así de lejos.♫
Y en el metaverso de un yo digital idealizado, nos acompañarán los que quisimos, en una versión mejorada. Donde el cielo será gris a placer y se escuchará una canción agridulce de ABBA, todo en un bucle eterno en alguna estación de servidores anónima.
Pero, mientras no se interrumpan la lerda batahola de las válvulas cardíacas ni los antiguos sortilegios de la memoria, lo tenemos en nosotros, aún.
Sobrevivamos, dale.
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