Bipolaridad


Asfixiarse con la propia saliva, contraer pupilas, girar la vista como buscando pistas en el ambiente, rascar una nueva comisura en la sien, un suspiro y mil remilgos acompañarían una expedición al rescoldo, por sus precedentes, ya rutinario.





12/8/15

Mañana con ocaso

Llegamos al centro de salud temprano, ella entró a la espera primero, a mí me da tema el olor a medicinas y compartir alientos de otros en un espacio reducido, luego tomé asiento. Habían varios octogenarios de semblantes marchitos, y ligeras expectoraciones, lo cual no negaré me deprimió en cierta forma. Me llamó la atención una pareja de ancianos quienes hablaban de una especie de club de hipertensos del que son parte. Entraron a consulta. Aproveché el tiempo de cinco pacientes faltantes para disculparme con ella por lo incomprensivo que he sido con su reciente padecer. Le dije que en realidad estaba nervioso por su salud, no por la posibilidad de perderla desde un podio de ego, meaculpas, o de no hacer frente al mundo si sucediera un eventualidad, sino por su bienestar. Le dije que realmente me interesan sus ojos verdes y nuestro proyecto juntos. Que esta vaina no es fácil para ninguno pero las niñas lo iluminan todo. Ella, lejos de reprocharme, también deshilvanó temores y anhelos que yo desconocía. En silencio y asiéndonos las manos, miramos los afiches de los virus producidos por mosquitos y murales con fechas de vacunación caducas.

Del brazo salió la pareja de mayores de la consulta, con voz dulce, la señora nos avisa que ya es nuestro turno y advierte que entremos juntos al consultorio, que siendo pareja debemos acompañarnos uno al otro. Se me hizo un bolo de metal en la garganta. Hacía tiempo me decantaba por abandonar antiguos idearios de babosas taumaturgias, pero confieso que mientras ellos se desvanecían le tomé el brazo a Ileana, con fuerza tal como para reconstruir el mapa de nuestro pretérito y el trémulo reflejo de senectud en esa pareja.

El mundo gira a una velocidad orbital de 30 kms por segundo, cuentas que se apilan, aún faltan más exámenes clínicos. Las niñas duermen, ella por efectos secundarios del tratamiento. Y no es que hoy la quiera más, es que me percato que somos… que siempre, que siempre lo hemos sido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario