Bipolaridad


Asfixiarse con la propia saliva, contraer pupilas, girar la vista como buscando pistas en el ambiente, rascar una nueva comisura en la sien, un suspiro y mil remilgos acompañarían una expedición al rescoldo, por sus precedentes, ya rutinario.





29/6/12

Pánico en el González


Y golpeaban la ventana a medio cerrar mientras me escupían y me gritaban: Dale jueputa, abrí la ventana.

Al otro día, de regreso a casa, ya eran como las nueve y pico, con la cámara en mano quería tantear tomar una foto por el militar en la cuesta que dá hacia el norte, me chiveó parquearme en algún lado. Por lo que opté por la travesura de sacar la cámara mientras manejaba, tipo Managua PM. Seguí al lago , semáforo del González en rojo, no habían otros carros. Ahí estaba la cipotita, me dió pesar, estaba vestida de payasita con su boca pintada levemente de rojo. Se miraba cansada, le acompañaba otra niña menor que ella, talvez  de seis. Le tomé una foto de lejos y se acercó al verme.

Algunos días atrás le había dado algo de limosna a esta niña que se pone allá por el semáforo del González, le había dado dinero pero insistía en introducir la cabeza por la ventana entrecerrada interesada en lápices de dibujo que a veces llevo en el carro.
Al acercarse, por instinto en cualquier semáforo que me estaciono, apresuradamente cierro un poco más las ventanas del carro. Cuál es mi sorpresa al ver se apresura a poner sus manos a la ventana para que no se cerrara y me dice con entonación casi masculina.

-No me vas a dar nada ah!!!!

-Disculpáme amorcito, no tengo dinero hoy, mañana.

-Que andás ahí, una cámara. Tomáme una foto.

-Te dije que otro día, por favor déjame cerrar la ventana.

La verdad me tenía nervioso su actitud, muchas cosas me ponen nervioso en esta ciudad y estar estacionado en un semáforo en rojo, de noche, en Managua, es jodido. Especialmente cuando pasan cosas inusuales como esta uno tiende a pensar que algo malo va a pasar. Recordé aquella vez un bocabierta viendo un pleito en el oriental, los peleadores en su lucha se abalanzaron “accidentalmente” sobre el ingenuo, robándole la cartera o aquel Domingo que me hicieron el cambiolín en Portezuelo, donde el cambista me decía que me fuera rápido que habían muchos ladrones en  la zona. Bueno, de repente me entró el pánico, de pronto sentía que este era un preludio de asalto.

Aprovechando un descuido en que soltó sus manos, repentinamente activé el control automático de cierre de la ventana pero se apresuró a tomar con su manitoizquierda los últimos cinco centímetros de vacío que quedaban.

-Porque cerrás jueputa, dame algo!

-No me hablés así. Me tenés molesto, no tengo nada, sacá las manos de ahí. Ya!

-Tomame una foto

-No!

-Quita las manos que voy a arrancar el carro y te podes golpear.

-Arrastráme dale, aver, aver!

Y empezó a golpear con su otra mano empuñada el vidrio y también a escupir, por la hendija libre hacia el interior.
Estoy fregado, me dije a mi mismo. Imaginaba que pronto vendrían adultos en “auxilio” de ellas. Púchica, ¿A qué horas pasé por aquí, Cómo me metí a esto?
De repente, alguien atrás pita, el semáforo ya está en verde, ella sacó sus manos sin decir más palabra. De regreso a casa no me atrevo a ver las escupidas en el carro, evidencias que si pasó el evento.

Hoy en día, ya no me pregunto que les ofendió, me es fácil entender que estaba bajo influencia de alguna sustancia, o del hambre. Mas bien, en retrospectiva, me río de mí mismo, esa niña sabe bien que me hizo pasar sendo susto.

Managua me acalambra, de plano.


Texto e imagen: Julio C. Moreno

5 comentarios:

  1. Es un mundo visible a nuestros ojos, que se pierde en un parpadeo, pero tiene una configuración macabra, a mí muchas veces también me acalambran, pero la mayoría de veces me dan dolor en el corazoncito...excelente descripción!

    ResponderEliminar
  2. Esta para pintarlo con todo lo descrito, he llegado aquí buscando un poema que habla de semáforos en Estelí, pero no he podido evitar leerlo y sentir que lo vivo, tremendo susto y es que estos pobres crios me acalambran más que un vago. Qué pena que sea la historia de todos los días para ella al menos mientras aun sea niña.

    ResponderEliminar
  3. Cada quien en sus círculos de seguridad. Es una pena, a veces creo que ellos en realidad no sufren, tienen que adaptarse a su medio. Hace tiempo me cansé de decir pobrecitos. Solo acepto lo que veo sin drama. Gracias por pasar Mary.

    ResponderEliminar
  4. Me pasó algo similar la última vez que fui a Nicaragua. Lo único que en un semáforo a plena luz del día. Ya pasaron los años, no he vuelto a llegar y por alguna razón cuando me dicen "viaje a Managua" lo primero que me acuerdo es del famoso incidente. Veo que el pánico es parte de la cotidianidad de la vida.

    ResponderEliminar