Bipolaridad


Asfixiarse con la propia saliva, contraer pupilas, girar la vista como buscando pistas en el ambiente, rascar una nueva comisura en la sien, un suspiro y mil remilgos acompañarían una expedición al rescoldo, por sus precedentes, ya rutinario.





22/7/12

La ciudad se pulverizaba tras las llantas del expreso.



Percatarme, al caer del bus, que la ciudad se pulverizaba tras las llantas del expreso.

Escribirte tantas veces, que te reinvento, es el papel tu rostro.

Dejá de llamarme mientras duermo, deja de joder, dejá de aparecerme en mis sueños.

Pasar una vida acostado y aún encontrar nuevos patrones en el cielo falso y las burbujas flirteando en mis medicamentos.

Conocerte más íntimamente papa, ahora que estas bajo el suelo.

Distraído de tus quejas de dolencias, te repliqué con carino ingenuo: ¡Me alegro mucho por vos, jodido!

Erase un arquitecto de esos que trabajaban dos meses y descansaban veinticuatro.

Es que hasta el hastío de tus empalagosos líneas de romances imploran ser penumbra para reconstruirse.

Con el bastón de Alicia, ensayaba la ceguera en el boulevard, talvez mis remedos de Borges.

Cerrar los ojos. Érase esta ciudad de caponeras, donde norma era acelerar con semáforos en rojo.

Más borro de lo que creo, que a veces encuentro que he presionado el botón publish más veces de lo necesario.

Caminar en la penumbra y el miedodia, repudiar a tal punto la sombra.

Soñar perros rabiosos siguiéndome, despertar niño jugando con ulteriores némesis.

Soñé que vivía entre tus pechos blancos, me despertó una caricia. En otro sol, vos acariciabas un dije desgastado.

Después de tantas muertes juntos, habrían expedido esas desgastadas y amarillentas promesas en altares.

Pulpero, si tuvieras siquiera un atisbo de mi desconsuelo, no deberías venderme esa recarga de celular.

Competir con mi alter ego por el más breve escrito.. de pronto una voz burlona me susurra ¡Óe!

¿Viste el rótulo mecánico gigante en la rotonda? ¡Sshhh! ¡No ves que es un ángel!

Nuevas ciudades para buscar, pregunté a la desconocida por mi gemelo, murió del susto, recién en su casa, el amante había muerto, heredé el espanto.

¡Es que no tenés idea verdad! No quiero saber de tu persona, sino de tu recuerdo.

Recostar la cabeza en la ventana vibrante, por efecto del motor encendido del Marco Polo, solo zarandea el  polvo y lo que sí recuerdo.

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