Tomándole de la mano le dije:
-Francelita, hijita, necesito que hablemos sobre ese poema que de pronto hicistes a tu madre.
-Ya sé lo que querés decirme papá.
-¿Lo sabes, mi amor?
-Sí, que la úlima estrofa no tiene rimas.
A veces el corazón no podría más comprimirse.

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