En la prehistoria, hemos visto el cielo desde una oquedad en la gruta, acurrucados y muertos de miedo.
Pero de alguna manera todavía estamos esperando un nuevo sonido del trueno. Cada vez que tiembla este edificio, revive
una parte de mi que está un tanto harta de correr o refugiarse bajo el
escritorio, no me importa, que se venga. Pero realmente, el desastre es temer
al enraizamiento al azar, que se cumpla mi deseos. Cada atardecer veo en cámara
lenta una nueva moneda al aire.
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