Guardo suficientes votos de mutismo para desembarazar de este bolo de metal que visita la laringe en días grises. De aceptación de lo que ha sucedido, porque si no tengo control no hay caso. De que me habiten meaculpas. De abandonar necedades. De regodearme en otredades. Hace un año me senté en esta misma mesa de Macdonalds Plaza España, empezaba a reconstruirme. Y si bien perfectamente cabe que es un día perfecto para un ataque aéreo, pues debo percatarme, con mordaz regocijo, que sigo intentando hacer lo mío.
Digo "tengo esperanza" mientras me muerdo con fuerza el labio inferior.
Estoy bien.
No lo sé.
No importa.
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