El amor como metáfora de producto trae el peor embalaje cuando está en su forma de no ser correspondido. La mayor parte de las funciones corporales del receptor del sentimiento sufre una suerte de colapso y se vive una agonía sin cuartel. El objeto del deseo succiona todas las posibles esperanzas e indefectiblemente las permuta por decepciones. Existe una noción de mitificar a el objeto del deseo, no es posible reconocer su falibilidad. Jean Paul Sartré en su teoría existencialista aduce que el ser humano puede reconstruir su identidad bajo la tónica de desadaptarse del recipiente que significan sus condicionantes ambientales. En ese sentido, es posible encontrar razones para encontrar falibilidad en el otro. Pero esto también puede ser una quimera en tanto se razone la falibilidad del otro desde la óptica de que esta persona alguna vez fue recién nacido.
¿Es la compasión, entonces, tanto epítome del amor como entrega cómo la desaprensión de si mismo en contra de sí mismo? Porque eso también se parece a la cabanga. ¿No?
Cinco y le marco.
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