Bipolaridad


Asfixiarse con la propia saliva, contraer pupilas, girar la vista como buscando pistas en el ambiente, rascar una nueva comisura en la sien, un suspiro y mil remilgos acompañarían una expedición al rescoldo, por sus precedentes, ya rutinario.





13/11/13

Tarea en casa

Ingenuo levanté la mano y dije “Nosotros como Arquitectos...”, el resto del auditorio explotó de risa ante semejante afirmación… ¡Já! Como si nos mereciéramos sendo apelativo, a sólo días de haber ingresado a la universidad.

A dos o tres sesiones de haber iniciado en la clase de Introducción a la Arquitectura, inusitadamente, Nelson Brown nos pidió un diseñar un encargo especial, lejos de un edificio...una caja de lustrar. Debo decir que me causó cierta desilusión el tema, en principio me pareció inadecuado, pero traté de emular una respuesta de la que distaba de estar conforme. Yo que aún trataba de digerir el ejercicio anterior de describir el  trayecto de mi casa a la universidad y su relación con la Arquitectura, pues, más allá de lo obvio.

Poco después, en la materia de diseño Introductorio, enfrentábamos la entonces (aún) incomprensible parafernalia teórica de Porfirio García, se encendían las llamas de los juegos de azar de los diseños, para tener cierto éxito académico o pasar con el mínimo puntaje, las propuestas debían ser acordes con el fetiche estético del profe. Toda una escuela.

Hubieron múltiples ejercicios que consideré inútiles o talvez no pude captar en su esencia y paulatinamente consideré las arbitrariedades de los maestros como males talvez necesarios. Al fin y al cabo, un día cambiaría la tiranía de la imposición de la idea por la compra-venta de interpretaciones del diseño. Luego supe que este ejercicio de la caja de lustrar era una especie de legado de los tiempos de docencia del Arq. Brockmann.

Y sin embargo, no hemos perdido la partida, está fuera de mi alcance reconocer la conciencia del maestro sobre su ejercicio en el tiempo,vacío de emoción debo confesar, que mientras mis maestros mueren, he reconceptualizado las variables del diseño de esa caja de lustrar, que empezamos a diseñar, hace casi veintidós años, que no existirá físicamente.....ni requiere hacerlo.

 Talvez, esa mística de elucubrar por deporte, sea en esencia, mi interpretación del El espíritu de las gallinas  del que habla en su escrito José Ramón Hernandez.

Instalación - Banksy

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