Bipolaridad


Asfixiarse con la propia saliva, contraer pupilas, girar la vista como buscando pistas en el ambiente, rascar una nueva comisura en la sien, un suspiro y mil remilgos acompañarían una expedición al rescoldo, por sus precedentes, ya rutinario.





7/11/13

El hueco

Para la guerra civil, era prácticamente imposible circular por las calles, el riesgo de ser baleado por un francotirador era inminente. De una imperiosa necesidad de alimento, comunicación o escape, surgió una manera peculiar de comunicarse en la vecindad: Al mejor estilo de Gordon Matta-Clark los pobladores borraron los límites de sus casas demoliendo tabiques  y tejiendo una laberíntica red de paso a través de las manzanas. Nosotros teníamos el nuestro, un hueco creado por la sustracción de una loseta superior en una de las habitaciones, la cual comunicaba a un patio baldío donde se encontraba un pozo. En un descuido de mi madre, con quien nos recluíamos en otra habitación, recuerdo haberme asomado con ánimo curioso a ese hueco, de entre la maleza, ví a lo lejos un guardia de la EEBI con su típico casco verde, aparentemente buscando algo. Me quedé frío con temor que me hubiese visto y se tentara a entrar a la casa y volar metralla, no sabía el porqué, si entendía que ser baleado era la norma en tiempo de guerra.
Sobrevivimos, digo, la guerra terminó, ya no había necesidad de pasadizos, más bien el reconstruirse de cada familia. El hueco fue sellado con tablas de pino sin cepillar, sus uniones eran imperfectas, se filtraba algo de luz por aquella hendija, de vez en cuando me asomaba a buscar el guardia, habrían pasado cinco años de esa guerra. La habitación se ocupaba como bodega, toda la familia dormía en camas cercanas, un tiempo dormí con mis hermanas. Pero previo a la pubertad mi padre me envió a esa habitación, era una pesadilla dormir, imaginaba al guardia viéndome desde el patio a través de la hendija, así que dormía con la luz encendida… o no lo hacía. Luego escapé a otro país con el pretexto de evitar un servicio militar en el que no creíamos. Regresé adolescente a la habitación, ya eran diez años del fin de la guerra.
Con la contaminación cultural del país a donde fui, se me ocurrió darle un toque de graffiti al revestido hueco: Pinté con spray rojo y azul, las letras nike y con el famoso logo en letras rojas algo como "U can´t touch this - MC Hammer" por la pieza que estaba de moda en ese momento y mi equipo favorito “L.A Lakers”, campeones de la liga de la NBA en ese año. Así mismo estaban en un lugar especial, el nombre del que era mi mejor amigo de la infancia, y el de mi novia en el tiempo. Estaba convencido que esos símbolos serían perecederos y había que registrarlos en la renovación del muro. Fui a la universidad poco después y mi viaje de vuelta a Estelí se postergó veinte años más, en ese lapso esta habitación se convirtió nuevamente en bodega, nadie en casa ponía atención al hueco.
Reciéntemente, mi hermana, quien reside en la casa, ha habilitado el lugar para uno de sus hijos y han decidido pintarlo.
Como un detonador de la memoria, de inmediato pensé en el acto inconsciente del pintar y su paralelo con el olvido, pintamos e ingenuamente creemos que renovamos el espacio. Sin embargo, para el subconsciente, es maquillaje... un ejercicio cosmético superfluo, la historia, las personas y objetos graficados, pero en especial la génesis de la existencia del hueco, ya ocultas bajo la superficie.
Indefectiblemente, las imágenes de mi intervención sufrieron reidentificaciones en el tiempo: McHammer dejó de hacer discos y gracias a sus derroches quedó en bancarrota, solo me queda la ilusión de ver a los bailarines de break en slow motion en vimeo. Le perdí el hilo al beis, y creo que ya no me interesa el basket de la NBA, sé que los Lakers, Kareem Abdul-Jabbar y Magic Johnson, separadamente subsisten. Nike sigue siendo una marca de ropa deportiva muy popular. La otrora novia fué una historia con un fin decidido por ella, pero un fín absolutamente necesario, para protegernos uno del otro, he aconsejado a mis adolescentes sobrinos que el apasionamento obsesivo por las novias talvez les obnubile otras posibilidades de disfrutar la juventud y que hay una serie de emisiones hormonales que afectan nuestros comportamientos, ellos asienten, pero ven necias mis advertencias, sería antinatural no hacerlo.. creo.
Para el que fué mi mejor amigo, quien ya no es ni la sombra del bonachón modesto que conocí, según sus palabras, bajé al nivel de “conocido”, no lo culpo, a veces la memoria insiste en eternizar al momento, y llevarse en el saco lo mejor que fuímos.
Ya no hay patio del otro lado del hueco, sino un edificio donde se practican artes marciales, quienes hicieron su propio muro.

El guardia, el hueco, junto con los actores del grafitti, pues ahí yacen.. debajo de varias capas de esmalte blanco hueso. Empero, en los desgastados archivos “Rosago” de la memoria, ahí siguen. Me cuestiono a veces la futilidad de hacer estos registros del pasado, talvez para liberar la compulsión de acumular tanto calachero en el hipotálamo. Unís cabos y empezás a dejar de sorprenderte, este valor es una prerrogativa de la que uno es soberano. No estamos exentos de transmutar a un cada vez más irreconocible reflejo, probablemente visto a través de nuevos huecos.

Instalación: Gordon Matta-Clark

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