Bipolaridad


Asfixiarse con la propia saliva, contraer pupilas, girar la vista como buscando pistas en el ambiente, rascar una nueva comisura en la sien, un suspiro y mil remilgos acompañarían una expedición al rescoldo, por sus precedentes, ya rutinario.





1/8/11

Lectura soviética

Domingo, 30 de agosto de 2009 a las 19:40

En el Estelí de los 80's, de chavalo vivía en una Librería, no habían muchos libros,mas que todo articulos escolares y oficina, los pocos que habían los devoré de a poco, al parecer no era lectura tan divertida para alguien de 8 años como las biografías de Kruschev, Napoleón, Goya, Colon, Cervantes, aunque mi favorita era Gran enciclopedia del Mundo, mi gran preferido era "Platero y Yo" de Juan Ramón Jimenez. Habian en ese tiempo 2 librerias que me encantaba visitar, "Estelibros" de mi primo Emilio Moreno y la "Rufo Marin".

Esta ultima se situaba, de la esquina noroeste del parque central media cuadra al río, donde encontré un rinconete repleto de literatura en su mayoría proveniente de la entonces Unión soviética y Cuba, recuerdo libros con hojas de papel amarillento de mecánica Diesel, agricultura, dibujo técnico, medicina, política, dispuestos en varias mesas enormes. Pero dos publicaciones si llamaban mi atención eran Sputnik (una suerte de Reader’s Digest Ruso) y la revista de corte infantil "Misha", me convertí en fan asiduo, los ejemplares llegaban con retraso de hasta tres meses, pero cuando adquiría uno, era un superacontecimiento personal, no había futbol, tareas, nada mas! Eran mis revistas, a mi viejo le encantaba verme leer así que financiamiento siempre había para estas aventuras.

Desde 1988 a la fecha, me fuí a buscar mis propias historias a Canoga Park, Palmdale, Lancaster, California, Estelí para luego enclaustrarme en Managua. Vuelvo a Estelí muy eventualmente con una amarga etiqueta de turista en la bolsa izquierda de mi camisa.

En una de esas, después de casi tres décadas que cesaron las publicaciones, y mis visitas al lugar, me asomé al sitio con un ánimo curioso. Solo quedan algunos ejemplares de tecnología de los deportes cubanas en liquidación, los sputniks en mesas de madera con manteles rojos se habían sustituido por estanterías metálicas que albergan su par Norte-americano entre bazofia de revistas de actores mexicanos, uno que otro libro de que vende la felicidad, como hacerse rico, entre otra lectura que jamás leeré.

No sé! Tal vez en mi subconsciente quiero encontrar lo perdido en la época, tal vez quería encontrar un “sputnik” y leer otra vez sobre la hazaña de Yuri Gagarin, la gesta Bolchevique, historias del Zar, fotografías de atletas rusos, la rifa de un viaje a Moscú, o leer en Misha una historia magistralmente ilustrada en ambientes al sur de la ribera oriental del Volga.

Absorto en mi búsqueda, en ese momento, la dependiente del establecimiento reconoció mi rostro, y al parecer mis pensamientos, haciendome sutilmente bajar de mi imaginaria y rusa alfombra voladora preguntándome cariñosamente:

¿Vos sos el niño que venía a comprarnos esas revistas rusas?


Edit: Publicado en versión web de La Prensa http://www.laprensa.com.ni/blog/2011/09/09/lectura-sovietica.html#comments

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